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Como dice Monseñor Henri Teissier, arzobispo emérito de Argel, hoy es una Iglesia del encuentro:

"Muchos nos preguntan para comprender cuál es el sentido de nuestra presencia en un país musulmán. Cabe destacar en primer lugar que no se trata en particular de una "presencia", sino de un "encuentro", de un “compartir”, de una "comunicación" que Dios nos confía para que finalmente llegue la reconciliación, el reconocimiento recíproco, la amistad y la comunión. Una joven mujer musulmana, médico, escribía después de la crisis que habíamos atravesado juntos durante el período islamista: Pienso que es Dios quien quiere la presencia de la Iglesia en nuestra tierra de Islam... Vosotros sois un esqueje en el árbol de Argelia que, si Dios lo quiere, se desarrollará hacia la luz de Dios".

La presencia cristiana a lo largo de los siglos:

Siguiendo a Monseñor Henri Teissier «Chrétiens en Algérie, Un partage d’espérance» (DDB 2002):

La presencia de comunidades cristianas en Argelia es atestiguada desde el siglo II, particularmente a través de Tertuliano. Pero la gran figura de esta Iglesia es principalmente San Agustín (siglo IV). La presencia cristiana desaparecerá, por así decirlo, entre el siglo VII y el siglo XII. A través de la presencia de cristianos extranjeros, principalmente mercaderes, es como resurge el cristianismo en suelo argelino.

Desde 1838, fecha de nombramiento de Monseñor DUPUCH, primer obispo de Argel, la Iglesia de Argelia tomó una orientación bastante particular, comprendiendo, poco a poco, pero cada vez más, que su relación con un pueblo - que seguía siendo musulmán en su casi totalidad - le impulsaba a una vocación al encuentro islamo-cristiano. Desde esta época, por ejemplo, los primeros jesuitas y las hijas de la Caridad trabajaban en un ambiente musulmán. La fundación de los Padres Blancos en 1868 y las Hermanas Blancas en 1869 da a esta vocación una nueva dimensión. Al principio del siglo XX, la vocación del Padre de Foucauld aporta armónicos complementarios que se desarrollarán en 1933 con la fundación de los Hermanitos de Foucauld, luego de las Hermanitas en 1939, y de otras familias de la misma espiritualidad.

Así, poco a poco, grupos importantes de personas, de origen musulmán, consideraron que, a pesar del contexto colonial de la época, su relación con la Iglesia y con los cristianos tenía un significado en su existencia, humana y espiritualmente.

A partir de 1947, los ministerios del Cardenal Duval, de Monseñor Scotto y de otros cristianos valientes dieron una nueva credibilidad a los cristianos en la sociedad argelina. Cuando llegaron los tiempos más difíciles, la participación de la Iglesia de Argelia en la lucha contra la violencia fue la resistencia en la solidaridad diaria, la lucha por la esperanza y el testimonio de la fe.

Cada vez más, en este país completamente musulmán, se han establecido pequeñas células de vida evangélica, dando el signo de un servicio desinteresado y de una relación fraterna abiertos a su entorno.

La comunidad cisterciense de Notre Dame del Atlas es la ilustración contemplativa de esta vocación.

Para saber más consultar el sitio  l'Eglise Catholique d'Algérie